Publicado en durangon.com, 10.07.2011.

No puedo ocultar que estoy ilusionado con la visita que esta próxima semana realizaré junto a algunos profesionales vascos a Barcelona. Concretamente, viajaremos a Cornellà de Llobregat, sede de “Citilab”, principal objetivo en la visita.

Citilab – Cornellà
La ciudad supera los ochenta mil habitantes, y como casi todo el cinturón industrial de Barcelona, ha tenido que reinventarse económicamente a finales del siglo pasado. Su otrora boyante industria decayó en el último cuarto del siglo XX, y lo que fuera pujanza económica se tornó desesperanza. Sin embargo, los signos de tiempos pasados persistían; barrios obreros construidos de forma desordenada, colectivos de trabajadores procedentes de toda la geografía estatal y edificios industriales en estado ruinoso eran la fotografía del vetusto Cornellà.

Había que afrontar los nuevos tiempos, transformarse, y para hacer ese cesto los mimbres estaban a la vista. Citilab es un icono de esa trasformación. Ubicado en una fábrica textil del siglo XIX, el centro ha conseguido convertirse en un lugar de encuentro de ciudadanos, empresas y profesionales que utilizando las tecnologías como medio, tratan de crear nuevas realidades, nuevos usos, nuevas formas de interacción, nuevos negocios…

Nuevas formas… pero esencialmente humanas
Volviendo a los motivos que nos han llevado a mirarles como experiencia ejemplar, debo afirmar que me fascinan dos vertientes. Por un lado, en Citilab han sido capaces de poner en el centro al factor humano, relegando a la tecnología a un segundo plano. Por el otro, han buscado la innovación fuera de las empresas, fuera de los centros tecnológicos, fuera de las instituciones, y han encontrado que los ciudadanos, los mayores –o ‘seniors’, que gustan decir ellos-, los desempleados…, organizados y dinamizados son capaces de crear e innovar.

De mis columnas o ‘posts’ rezuma un convencimiento evidente: la primacía del factor humano sobre el tecnológico, o cualquier otro. Simplemente este hecho podría explicar el alineamiento con el proyecto Citilab. Pero es que además, en estos últimos tiempos me he encontrado con algunas sorpresas en la búsqueda de la innovación para el mundo de las personas mayores. Sí, buscando innovación entre tecnólogos y centros tecnológicos, he encontrado verdadera creación en las propias personas mayores. Viajamos, por tanto, a Citilab en busca de formas de sistematizar esta creación innovadora entre personas.

La innovación está ahí fuera
A este guiso, que a fuego lento se ha ido cocinando en los últimos tiempos, he de añadir el aderezo que algún buen amigo del colectivo OBEA en la Universidad de Mondragón ha realizado. Ya han asesorado a empresas e instituciones a organizar su entorno para innovar, incluyendo en el proceso a clientes, proveedores y agentes externos, además de profesionales y departamentos de la propia organización. Predican y ejercen la innovación abierta, entre cuyas aristas se encuentra la “user driven innovation” o innovación liderada por el propio usuario, que es el modelo teórico más cercano que he encontrado para encuadrar Auzolan Senior.

Cada vez la innovación viste menos bata blanca y frecuenta menos los laboratorios, para habitar en ciudadanos disfrazados de ‘seniors’ en ciertas ocasiones, usuarios en otras o proveedores en algún caso. De todas formas, hay algún axioma que sigue impertérrito; la frase del pintor Pablo R. Picasso lo resume muy gráficamente: “cuando llegue la inspiración (innovación), procura que te pille trabajando”.

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